Cuestión de perspectiva

Cuestión de perspectiva

Un reputado astrónomo y uno de sus alumnos observan la majestuosidad del firmamento en una tranquila noche de verano. El alumno pregunta de repente, tronzando el silencio: “¿Cuán grande será en realidad el universo?” A lo que el profesor responde, “tal vez nunca lo sepamos con certeza, pero a cada segundo que pasa, podemos contemplar un universo un poco más grande”. El alumno se extraña, “¿a qué se refiere?”.

Cuestión de perspectiva 1

¿Somos realmente conscientes de qué tamaño tiene el universo? Claramente, no. Víctimas de nuestro propio egocentrismo, no contemplamos que en realidad vivimos en un planeta cuyo tamaño no difiere demasiado con el de una mancha solar.

La superficie de la Tierra ronda los 510.000.000 km, una distancia exageradamente inmensa desde una perspectiva humana y sin embargo, exageradamente pequeña en el contexto de nuestro propio sistema solar. En el volumen del Sol, cabrían más de un millón de planetas Tierra. Pero eso no es todo, el Sol, nuestra estrella, el núcleo de nuestro sistema planetario, contiene más del 99% de toda la masa del sistema solar, pero no deja de ser una estrella muy corriente, de tamaño medio. Si bien es cierto que se estima que a medida que siga envejeciendo, su tamaño aumentará y acabará por fagocitar la Tierra.

Comparación a escala entre el Sol y algunas supergigantes. El Sol es apenas un píxel visible.

Comparación a escala entre el Sol y algunas supergigantes. El Sol es apenas un píxel.

Sin embargo, en nuestro artículo de hoy vamos mucho más allá. Mucho más allá de nuestro sistema solar, mucho más allá de nuestra galaxia (Vía Láctea), … Hoy estamos hablando del universo. Sabemos con certeza que desconocemos como mínimo un 96% del universo. No sabemos si es finito o infinito, no sabemos si hay otros universos, … Con nuestra tecnología actual, sólo alcanzamos a poder analizar una pequeñísima parte de este. De hecho, según la física teórica, independientemente de las medidas técnicas con las que contemos, hay un límite concreto, de la fracción de universo que podemos llegar a conocer.

La física establece que la velocidad más elevada que se puede alcanzar es la velocidad de la luz, que ronda los 300.000 kms-1. Esta velocidad es tan alta que a nivel terrestre podría resultar difícil hasta de percibir. Pero en lo referido a distancias cósmicas, donde el espacio a recorrer es, como estamos analizando en este artículo, de una inmensidad insospechada, a la luz le puede llevar una cantidad de tiempo muy grande recorrerlas. Aquí nace el concepto de año luz. Un año luz es la cantidad de espacio que recorre la luz en un año (equivalencia: 9.460.730.472.580,8 km), y es la unidad que utilizamos para medir las distancias del universo.

El porqué de ese límite teórico establecido es que, desde el origen del universo, desde el Big Bang hasta ahora, ha transcurrido un tiempo, se estima de 13.700 millones de años, que le ha permitido a luz llegar a nuestra posición en todas las direcciones desde una lejanía determinada y no desde más lejos. Por lo tanto, a medida que el tiempo transcurre, alcanzará nuestra posición luz emitida desde ubicaciones más lejanas, siendo esto a lo que se refería el astrónomo del inicio del artículo. De esta forma podemos hablar de lo que se conoce como “universo observable”, que es una esfera con la Tierra como centro y que constituye la región de “universo total” que la física teórica establece como visible. El radio de esa esfera, se estima hoy en día del orden de los 10.256.169 años luz. Si bien, lógicamente este radio estaría aumentando en cada instante, y cuando termines de leer este artículo, hablaremos de un universo observable más grande que cuando comenzaste a leerlo.

Fotografía de campo profundo tomada por el telescopio Hubble.

Fotografía de campo profundo tomada por el telescopio Hubble. FUENTE: ÓRBITA LAIKA.

Cabe mencionar sin embargo que todo esto no es tan simple, y que habría que tener en cuenta una gran diversidad de factores para llegar a conclusiones más reales. En nuestro anterior artículo ya mencionábamos el corrimiento al rojo, concepto que relacionaremos en publicaciones futuras, donde afrontaremos más pormenorizadamente lo expuesto, uniendo con la relatividad, la expansión del universo y otros fenómenos. Einstein, Hubble, Lemaître, … quédate con esos nombres.

La próxima vez que observes el cielo de noche y que contemples el manto de estrellas que lo decoran, ten en cuenta que la luz que estás percibiendo, que emiten esas estrellas, tal vez lleve miles de años vagando por el espacio hasta llegar a tus ojos, estás observando pues, no sólo la belleza de un astro, si no una pequeña parte de nuestra propia historia.