Mundos más habitables que el nuestro

Mundos más habitables que el nuestro

En 1759, Voltaire publica Cándido, un cuento filosófico en el que el ilustrado ataca satíricamente algunos preceptos del optimismo leibniziano. Entre otras, la idea de que nuestro planeta, a pesar de todos sus defectos, debía ser el más sobresaliente de todos los imaginables. Lo cierto es que la Tierra ha sido el modelo en el que se han basado los astrónomos para buscar vida más allá del sistema solar. Pero hoy en día, no está tan clara esa visión tan geocéntrica…

Teniendo en cuenta que solo conocemos un mundo habitable, es perfectamente comprensible que haya sido nuestro planeta la referencia para la pesquisa en pos de otros que pudiesen albergar vida tal y como la conocemos. Así, se han explorado las regiones de Marte más similares a la Tierra o Europa, una de las lunas de Júpiter, por lo acuoso de su constitución. Su vecina y hermana menor, Ío, el cuerpo de más actividad volcánica del sistema solar también está en esta lista de puntos sospechosos de albergar vida. Y Titán, una de las lunas de Saturno, es otro de los emplazamientos en los que se está investigando a día de hoy, de hecho, se cree que actualmente existe alguna forma de vida basada en el metano en este satélite, debido a las reacciones químicas que se observan en su superficie.

No obstante, el descubrimiento masivo de exoplanetas (planetas más allá de nuestro sistema solar) en las últimas décadas trae consigo una ingente diversidad de características, que sugieren la posibilidad de que existan otros entornos más apropiados para la formación de una biosfera estable que la propia Tierra. Algo así como una posible súper-Tierra.

Primeramente tenemos que plantearnos una pregunta: ¿Cuáles son las propiedades que hacen a la Tierra apta para el desarrollo de la vida? Un factor clave es la presencia de agua líquida, que se debe en buena parte a la distancia que guarda la órbita terrestre con el Sol: ni demasiado cercana para que el calor emanado por la estrella evaporase el agua, ni demasiado lejos como para que la Tierra se convirtiese en una grotesca bola de hielo. Por otro lado, la composición rocosa de nuestro mundo, que lo dota de un campo magnético imprescindible, que nos protege de la radiación cósmica. También el tamaño, suficientemente grande para que la gravedad nos proporcione una atmósfera generosa, y a su vez lo bastante pequeño como para que esa atmósfera no se convirtiera en una asfixiante y opaca capa gaseosa. Ya decía León Bloy que “el exceso es un defecto”.

Imagen global de Io. IMAGEN: NASA.

Imagen global de Ío. IMAGEN: NASA.

Desde una perspectiva humana, la franja hospitalaria que proporciona una estrella podría parecer estática, pero no podemos olvidarnos de que las estrellas aumentan progresivamente su luminosidad, de forma que esa zona en la que se puede dar agua en estado líquido se va desplazando hacia el exterior. De hecho, se estima que la Tierra, a día de hoy, ya está en la corona interior de ese cinturón, más cerca de la frontera de la habitabilidad. Ya os comenté en otro artículo, que el Sol terminará por fagocitar nuestro planeta… y es que nada es eterno.

A decir verdad, en la actualidad en nuestro mundo contamos con grandes extensiones muy hostiles, como los abrasadores desiertos, las ingentes regiones de océano abierto o las gélidas zonas polares. Podríamos afirmar pues, que a día de hoy la Tierra no es totalmente habitable y sabemos además que fue mucho más propicia al desarrollo de una biosfera estable en su pasado más remoto.

Una súper-Tierra rocosa unas dos veces mayor que la masa de la Tierra estaría afectada por una gravedad más pronunciada, lo que se manifestaría en una atmósfera más espesa y un tiempo meteorológico más erosivo, además de un relevo más plano. Con todo esto estaríamos ante un mundo de archipiélagos flotantes, que potenciarían la biodiversidad. Esa súper-Tierra de dos masas terrestres favorecería una mayor convección interior, alargando la actividad volcánica y la tectónica de placas y asegurando así el ciclo del carbono y por tanto, la temperatura óptima para la vida. Además, ese mayor tamaño dotaría al supuesto planeta de un núcleo muy duradero, con unas reservas de temperatura que lo mantendría fundido y en constante rotación, induciendo de esta forma el campo magnético que actúa de escudo contra los rayos cósmicos por largo tiempo. Por último, pero no menos importante, la estrella anfitriona. Aquellas menores que el Sol consumen su combustible mucho más paulatinamente , por lo que brillan durante más tiempo. Una enana de tipo K tarda decenas de miles de millones de años en apagarse. Sería lo idóneo.

IMAGEN: ESA (AGENCIA ESPACIAL EUROPEA).

IMAGEN: ESA (AGENCIA ESPACIAL EUROPEA).

La Agencia Espacial Europea, afrontará esta búsqueda de exoplanetas superhabitables en la misión PLATO -siglas en inglés de Tránsitos Planetarios y Oscilaciones de Estrellas. PLATO observará estrellas relativamente cercanas. A través de la observación de disminuciones regulares de su brillo, producidas cuando un planeta se interpone entre nosotros y la estrella en cuestión, detectará y procederá a catalogar exoplanetas, con la esperanza de encontrar alguno que cumpla las características de una súper-Tierra que os he comentado ya.

PLATO será lanzado en 2024 desde el Puerto Espacial Europeo en Kourou, en la Guayana Francesa. La duración prevista en un principio para la misión será de seis años. PLATO orbitará alrededor de un punto virtual situado a 1.5 millones de kilómetros de la Tierra.

Tal vez en un futuro, miremos al firmamento desde ese nuevo planeta hacia este que fue nuestro hogar  un día… Si eso llegase a ocurrir, solo espero que en esa ocasión cuidásemos mejor de él.

Nos leemos pronto.

Enlace de interés: ESA – Misión PLATO.