Las mareas

Las mareas

Con el solsticio de este pasado 21 de junio se da paso al verano, que trae intrínseco consigo al mar. Por ello, hoy os voy a hablar, para darle la bienvenida al período estival, de las mareas, ese fenómeno que tanto condiciona la apariencia de nuestras playas y las actividades que en ellas podemos ejercer.

El Monte Saint-Michel, situado en un estuario de la Bretaña francesa, fue una fortaleza inexpugnable durante muchos siglos, ya que solo era accesible por vía terrestre durante los períodos de marea baja. En esta bahía la marea alcanza flujos de hasta 14 metros de altura. Otro ejemplo de marea muy pronunciada se da en Canadá, en un entrante en forma de embudo entre Nueva Brunswick y Nueva Escocia, donde el agua sube más de 15 metros en cada flujo.

El Monte Saint-Michel, situado en un estuario de la Bretaña francesa.

Para mí, que vivo en la costa y suelo pasear por la playa, el estado de la marea es importante en mi día a día, si bien también es algo que controlo perfectamente sin necesidad de mirar al mar tan siquiera. Para esto no es crucial ser buen conocedor de las leyes físicas sino simplemente llevar un buen control cronológico.

Con regularidad previsible, dos veces cada día, el nivel del mar sube y baja alternativamente, tomándose algo más de seis horas para subir, o fluir, y el mismo tiempo para bajar, o refluir. Los minutos que exceden de las seis horas exactas son los que provocan que cada día la marea retrase una hora con respecto a su posición en la jornada anterior.

El flujo de las mareas está gobernado por la fuerza gravitatoria que ejercen sobre la Tierra la Luna y el Sol, en menor medida debido a su lejanía. Esta atracción provoca que las aguas de los océanos y mares se acumulen formando protuberancias en las zonas del globo más próximas a dichos astros. A medida que la Tierra rota, estas protuberancias terminan alcanzando las costas, provocando las pleamares. De la misma forma que al abandonar estas regiones el agua refluye y se inducen las bajamares.

La amplitud de las mareas varía dependiendo de las posiciones relativas de la Luna y el Sol con respecto a nuestro planeta. Así, las mareas vivas o sizigias, esto es, cuando la amplitud es máxima, se originan cuando Tierra, Sol y Luna están alineados, es decir, en luna nueva y luna llena. En cambio, en cuarto creciente y cuarto menguante, las posiciones de Luna y Sol están en cuadratura (ángulo recto) con respecto a la Tierra, produciendo las denominadas mareas muertas o de cuadratura.

Además, cuando la Tierra está más cerca del Sol, en el perihelio, las mareas incrementan aún más su intensidad. Efecto que se acentúa también cuando la Luna está en su perigeo, distancia mínima con respecto a la Tierra. De hecho, la influencia del perigeo o apogeo de la Luna es de casi un 20% de la marea media.

Puntos anfidrómicos, líneas cotidales y escala en color de la amplitud de las mareas. IMAGEN:WIKIMEDIA.

Puntos anfidrómicos, líneas cotidales y escala en color de la amplitud de las mareas.

Es evidente que las mareas no están marcadas de forma equivalente en todas las costas. En el Mediterráneo, por ejemplo, al ser un mar pequeño, la gravedad actúa más levemente y las mareas son mucho menos llamativas que en el litoral bañado por el inmenso océano Atlántico. También entra en juego el relevo de las costas. Cuando son planas la marea avanza mucha más distancia y mucho más rápidamente que en costas escarpadas.

El Monte Saint-Michel, situado en un estuario de la Bretaña francesa, fue una fortaleza inexpugnable durante muchos siglos, ya que solo era accesible por vía terrestre durante los períodos de marea baja. En esta bahía la marea alcanza flujos de hasta 14 metros de altura.

Otro ejemplo de marea muy pronunciada se da en Canadá, en un entrante en forma de embudo entre Nueva Brunswick y Nueva Escocia, donde el agua sube más de 15 metros en cada flujo.

En ciertas circunstancias los cambios de marea pueden llegar a ser muy peligrosos, ya que al anegar ciertas zonas, pueden dejar a una persona atrapada en una situación crítica. El mismísimo Julio César tuvo sus más y sus menos con esta manifestación de la naturaleza. En su intento de conquista de Gran Bretaña, el mar le jugó una mala pasada y sus tropas se quedaron inmovilizadas en la desembocadura del Támesis, junto al Canal de la Mancha.

Lo cierto es que para realizar ciertas actividades marítimas, como lo pueden ser el buceo o la pesca submarina, siempre se tienen en cuenta las mareas. Considerando que el reflujo puede arrastrar a los buzos hacia dentro sin posibilidad de combatir esta corriente, lo óptimo y lo aconsejable es bucear en marea baja cuando se espera que esta comience a subir, pues llegando al final de la inmersión seríamos conducidos lentamente hacia el litoral.

Y hasta aquí con mi aportación de hoy. Una vez terminado este artículo me voy a dar un largo paseo por la playa, a disfrutar con una manifestación tan majestuosa de física, pero sobre todo de vida y carácter, como lo es el mar. Luego, empapado de salitre tras tomar un baño en estas frías aguas del ingente Atlántico, retornaré para pensar acerca de qué puedo hablaros en esta bitácora en la próxima ocasión.

Saludos a todos y nos leemos pronto.